viernes, 13 de octubre de 2017

LA CONSPIRACIÓN NORTEAMERICANA CONTRA LOS OVNIS (POR JOHN KEEL)

Comprometido personalmente con la historia que nos cuenta, un verdadero experto en Ovnis denuncia aquí la forma tan mezquina en que la fuerza aérea norteamericana y sus secuaces trataron de silenciar toda la información disponible sobre la realidad del fenómeno Ovni.

La Compañía de Teléfonos y Telégrafos de los Estados Unidos (Ma Bell) odia al Departamento Federal de Investigación Criminal (FBI).
 El FBI detesta a la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
  La CIA no congenia con el Departamento de Inteligencia de la Fuerza Aérea.
  Y ninguna de las organizaciones anteriores se puede considerar como un digno rival para el Gran Consejo Intergaláctico, cuyo centro de operaciones se encuentra en Ganímedes, uno de los satélites del planeta Júpiter que ha salido a la luz para confundir, dejar perpleja, denunciar y, por último, aniquilar a toda la raza humana. Mientras formulan sus diabólicos planes a largo plazo en contra de nosotros, ya han lanzado miles de objetos extraños para repartir su propaganda y para convencernos de que la gente de los platillos voladores son humanoides amables, benévolos y amantes de la paz. Si usted se encuentra entre los millones de personas que se han creído este cuento cósmico, si usted cree que los platillos voladores son reales y que son de origen extraterrestre, entonces le aconsejamos que comience a cavar un refugio profundo en su patio, puesto que todas las pruebas que se han acumulado durante los últimos 33 años indican que el Gran Consejo Intergaláctico ha estado ocupado en una operación sumamente complicada, que mantiene sumergidas a nuestras ineptas burocracias en una confusión total, a nuestros servicios militares encogidos por la cobardía y a nuestros sobresalientes científicos mascullando consigo mismos, encerrados en habitaciones acolchadas.


HACE 20 AÑOS QUE LOS OVNIS SON NOTICIA

Durante 20 años fui un fiel creyente en las inteligencias extraterrestres. Me puse al frente de la causa sagrada de los Objetos Voladores No Identificados incluso antes de que un hombre de negocios del estado de Idaho, llamado Kenneth Arnold, publicara en 1947 el primer artículo acerca de los platillos voladores. Todavía cuando era un niño ya estaba influido por el trabajo de Charles Fort, un escritor que se pasó la vida investigando en viejos periódicos y revistas con el objeto de rastrear y rescatar los informes olvidados sobre los extraños objetos aéreos y los animales bizarros del siglo XIX. La primera oleada de testimonios acerca de Objetos Voladores No lndentificados durante este siglo empezó en 1909, anticipándose a los patrones básicos de las últimas oleadas. De hecho, esos primeros objetos, a los que con frecuencia se les llamaba "dirigibles", siguieron las mismas rutas que actualmente recorren los platillos voladores modernos desde Nueva Zelanda hasta Oklahoma. El señor Fort buscó una explicación para esas observaciones y afirmó, con bastante regocijo, que nosotros éramos los huéspedes de las "gentes" que vivían en el cielo. (También propuso la hipótesis de que el firmamento tal vez sea una farsa y las estrellas solamente luces que cuelgan de cuerdas a una distancia de miles de kilómetros sobre nuestras cabezas).
 El señor Fort no contaba con ninguna prueba, aparte de los recortes de periódicos raídos, y como Verdadero Creyente (VC) que soy, yo tampoco requiero de ninguna. En el año de 1952 escribí y produje un programa de radio titulado Objetos en el Cielo, que se transmitía por toda Europa y que como efecto inmediato recibí una enorme cantidad de correspondencia. Entre 1947, el comienzo de la época moderna, y 1966, el año de la oleada más grandiosa de Objetos Voladores no Identificados, sucedieron muchas cosas misteriosas en el seno del gobierno de los Estados Unidos y también entre los civiles que perseguían platillos. El caos era total y cualquier persona que intentara entender el panorama que presentaban los OVNIS estaba condenada a la frustración. Los dementes tenían las riendas del poder, particularmente dentro del gobierno, y los civiles entusiastas de los misteriosos objetos voladores, junto con sus atolondradas organizaciones, comenzaron a dedicarse en forma diligente a estudiar los casos más importantes porque no se conformaban con las explicaciones oficiales. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos, de vez en cuando, llevaba a cabo sus investigaciones características y cada año publicaba una hoja donde resumía el número de testimonios y así sucesivamente. Ese esfuerzo se desarrolló en una forma tan desvergonzada que, año tras año, las columnas de cifras se sumaban de modo incorrecto y las estadísticas básicas se alteraban y falsificaban en forma despiadada. Un catedrático universitario, contrató a varias personas para que encontraran algunas explicaciones astronómicas de las observaciones de OVNIS, y a menudo les echaban la culpa a estrellas y cuerpos celestes que ni siquiera se percibían en el firmamento en el momento de la observación. Era la época de las Grandes Mentiras y los entusiastas de los Objetos Voladores No Identificados estaban tan distraídos con las absurdas intrigas de la Fuerza Aérea que les quedaba muy poco tiempo para investigar seriamente el fenómeno.
  De hecho, durante los primeros 19 años de los Pequeños Cobardes Melodramáticos, no descubrimos nada más acerca de los platillos voladores que lo que habíamos aprendido durante las primeras semanas de julio de 1947, cuando el novelista Tiffany Thayer y los audaces miembros de su Sociedad Forteana le anunciaron al mundo entero que estábamos recibiendo visitantes del planeta Venus. (Por cierto que en 1932, cuando Tiffany Thayer fundó la Sociedad Forteana, el propio Charles Fort se rehusó a inscribirse en ella, alegando que si lo hubiera hecho no tardaría mucho en verse obligado a afirmar que se aliaría con los Alces). A pesar de todo, Tiffany Thayer tenía una influencia muy poderosa y, durante más de un cuarto de siglo, sus ideas políticas tan peculiares dominaron el terreno de los Objetos Voladores No Identificados. Estaba convencido de que el gobierno de Estados Unidos se encontraba involucrado en una conspiración masiva de silencio respecto a cualquier cosa extraña.


LA CONSPIRACIÓN

 En 1966, un editor de la revista Playboy me comprometió en una reyerta acerca de los platillos voladores, porque quería publicar un artículo "definitivo" sobre el tema. El primer paso lógico que se tenía que dar era el de conseguir expertos en la materia. Muy pronto me di cuenta de que no existía ninguno. Había individuos que se autodenominaban "especialistas", pero todos ellos se revolcaban en egocéntricos delirios de grandeza, y todos peleaban sin tregua con sus compañeros "expertos". En este campo la paranoia estaba difundida por todas partes, y cada uno de los adolescentes y de las pequeñas viejecitas que usaban zapatos de tenis y que estaban involucrados con la cacería de Objetos Voladores No Identificados, tenían la plena convicción de que el gobierno de Estados Unidos, y en forma especial la Fuerza Aérea y los agentes de la CIA, gastaban millones de dólares para violar su correspondencia y para intervenir sus teléfonos. También había una gran superposición de extremistas de derecha, y de muchas de las creencias más extravagantes tipo la Sociedad John Birch, e incluso el Ku Klux Klan, que de alguna manera se relacionaban con la ciencia popular de los platillos voladores. Los legendarios Iluminados -esos místicos secretos que siempre están de moda en el mundo— reemplazaron a los comunistas cuando surgió de nuevo la amenaza de extrema derecha durante el decenio de 1960 a 1970, y pronto los investigadores de Objetos Voladores No Identificados empezaron a mirar con desconfianza a todos, aun sin reconocer a ningún Iluminado aunque se los pusieran frente a sus narices.El Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (CNIFA) que en aquel entonces se encontraba en Washington, en un momento determinado casi se vino abajo cuando el director de dicho grupo rechazó a un voluntario negro. Solamente podían inscribirse los hombrecitos de color verde.
  Durante el decenio de 1950 a 1960, se publicaron muy pocos libros cuyo tema central eran los Objetos Voladores No Identificados, y la mayoría caían dentro la categoría de excéntricos; por puesto, hoy resulta casi imposible conseguir un ejemplar de esos. (Incluso el promedio de libros sobre OVNIS que se venden hoy día oscila entre los 3,000 ejemplares, lo que constituye una cantidad patéticamente reducida si se toma cuenta la tremenda publicidad que ha recibido el tema).


SANDERSON, LA FUERZA AEREA Y YO

El zoólogo Iván T. Sandersort. escritor y personaje muy famoso de la televisión norteamericana, tenía una biblioteca con algunos. de los mejores libros. Vivía en una granja de una región despoblada al norte de Nueva Jersey. Era un británico carismático que, por lo general, estaba rodeado por una multitud de visitantes; sin la ayuda de nadie Sanderson dio a conocer al
público norteamericano el tema del Abominable Hombre de las Nieves y el de Pata Grande (Big Foot). Nos conocimos en una forma muy original, porque una vez yo me decidí a seguir las huellas en el Himalaya del escurridizo Abominable Hombre de las Nieves, e Iván estaba elaborando un libro que debía incluir la mayoría de esos horrores cubiertos con pelo. También desde hacía mucho tiempo él era un observador del tema de los Objetos Voladores No Identificados, y al comienzo de mi entrevista con él me dio el mejor consejo que he recibido en toda mi vida. Me advirtió: "No tomes esta ocupación de los platillos voladores con exagerada seriedad; debes de concebirla solamente como si fuera un ejercicio intelectual".
 Hice varios viajes a Washington y también fui al Pentágono con el firme propósito de demostrar objetivamente la posición de la Fuerza Aérea acerca de la controversia. La mayoría de los oficiales me mintieron en forma abierta y repetidamente respecto a varios asuntos. Me di cuenta de que el famoso Proyecto Bluebook de hecho se encontraba en manos de un sargento sin escrúpulos. Sus archivos parecían un verdadero chiquero. Las investigaciones que hacía tenían como fundamento una farsa. Su mayor angustia era que el público se diera cuenta de que no se sabía nada sobre platillos voladores y de que el campo de acción de dicho fenómeno era mucho más amplio de lo que cualquier observador indiferente pudiera imaginar. En aquel entonces los Objetos Voladores No Identificados estaban (y están) eludiendo con bastante éxito nuestros sistemas defensivos y aterrorizando con frecuencia en las granjas, en las carreteras, e incluso —aunque usted lo crea o no—en las pistas de aterrizaje de los aeropuertos. Desde hace muchos años han estado provocando varios daños considerables en distintas propiedades. La Fuerza Aérea de Estados Unidos no ha podido protegernos de sus intrusiones, y el FBI y otras agencias cuya función es aplicar la ley no han podido detenerlos en su infracción constante de nuestro territorio. Así es que durante años ha existido una táctica confusa para encubrir todas estas cosas dentro de un execrable patrón de maniobras burocráticas.

LA HISTORIA REAL DE LA FUERZA AÉREA

Mucho tiempo antes de que la Fuerza Aérea publicara el Proyecto Grudge, en 1949, Tiffany Thayer y sus compañeros comenzaron a gritar: " ¡Cúbranse por completo!". El Proyecto Grudge era una obra de 600 páginas que pretendía demostrar que todos los Objetos Voladores No Identificados eran nubes, globos atmosféricos, estrellas errantes o enjambres de abejas. Se llamó a varios físicos y astrónomos para que contribuyeran con sus escritos científicos a fundamentar esta farsa. Ninguno de ellos se molestó en investigar ni un solo caso de OVNIS, pero cada uno de ellos recibió un promedio de 5,000 dólares por su cooperación para dicho proyecto.
 La historia real es más interesante y resultó mucho más cara. En 1947, al Comando Aéreo Técnico de Inteligencia (CATI) que se encuentra en la Base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson en Ohio, se le asignó la tarea de investigar la novedad de los Objetos Voladores No Identificados. El CATI estaba integrado por expertos del departamento de inteligencia con bastante experiencia, quienes se dedicaron de lleno a su trabajo con gran habilidad y entusiasmo. Un año más tarde, elaboraron un informe que se titulaba: Evaluación estrictamente confidencial sobre la situación. Sus conclusiones eran que los OVNIS eran reales, que no provenían de Rusia y que podrían ser de origen extraterrestre. La evaluación llegó a las manos del jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, el general Hoyt Vandenburg, y del secretario de Defensa, James V. Forrestal. El general Vandenburg también ha ocupado el puesto de jefe del Grupo Central de Inteligencia (GCI), precursor de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hasta el primero de mayo de 1947 cuando fue substituido por el contralmirante Roscoe H. Hilienkoetter. El general Vandenburg, de hecho, no solamente era la persona que estaba a la cabeza de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, sino que también era un miembro altamente respetado de la comunidad de inteligencia. El fue quien ordenó al CATI que dejara de inmiscuirse en el asunto de los platillos voladores y que se abstuviera de publicar esa negativa pública, la cual más tarde negativa pública, la cual más tarde se convertiría en el Proyecto Grudge. Después decidió volcar el "problema" de los Objetos Voladores No Identificados sobre el secreto GCI, aun cuando el presidente Truman ya había limitado el campo de acción del GCI al prohibirle que operara dentro de Estados Unidos de Norteamérica. 
 La reacción del señor Forrestal ante la Evaluación estrictamente confidencial fue mucho más personal. De acuerdo a lo que se publicó en los informes periodísticos de esos días, se dijo que salió corriendo por todos los corredores del Pentágono gritando: " ¡Nos están invadiendo y no podemos detenerlos!". Estaba convencido de que su teléfono estaba intervenido y se lo llevaron, contra su voluntad, a un hospital. Aunque lo pusieron en una habitación de un piso bajo, de alguna manera consiguió que lo instalaran en un piso más alto, desde donde se aventó por la ventana y se suicidó.   Algunos años más tarde, el contralmirante Hillenkoetter se hizo miembro del consejo directivo del Comité Nacional de Investigadores sobre Fenómenos Aéreos (CNIFA).


 EL FRAUDE CONDON

En 1949, después del Proyecto Grudge, la Fuerza Aérea de Estados Unidos intentó acabar con toda esta realidad. No obstante, hay suficientes pruebas que indican que alguien estuvo estudiando en forma bastante entusiasta los informes. Probablemente ese alguien fue el GCI, que se convirtió, con bastante rapidez, en otra pesadilla burocrática que absorbía la mayor cantidad de dinero posible mientras realizaba el menor trabajo que podía hacer. Después de todo, no se puede. afirmar que el objetivo principal del gobierno sea el de desempeñar un trabajo productivo. Su meta es la de despilfarrar dinero. El asunto de los platillos voladores nunca constituyó un botín suficientemente atractivo para la burocracia. En 1952, la CIA congregó a un grupo especial de científicos para decidir que los platillos voladores no existían y que sólo eran una forma de perder el tiempo. Desde 1952 hasta 1967 el gobierno norteamericano, y también la CIA, aparentemente sólo le prestaron una atención simbólica a dicho fenómeno, aun cuando el capitán Edward Ruppelt de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, aseveró que el gobierno estaba gastando millones de dólares anualmente en la investigación acerca de los OVNIS. Después admitió con modestia que incluso una vez examinó un pedazo de estiércol de vaca porque creía que era una prueba de la existencia de los visitantes extraterrestres. A mediados del decenio de 1960 a 1970, la Universidad de Colorado despilfarró medio millón de dólares —de nuestros impuestos— al realizar un estudio sobre OVNIS auspiciado por la Fuerza Aérea, el cual fracasó como consecuencia de varios conflictos de personalidad que se suscitaron.
El director del proyecto, el doctor Edward Condon, incluso envió una banda de música a una zona desierta porque le informaron que probablemente un OVNI aterrizaría allí. Cuando uno tiene en mente todas las otras tonterías y las une con este soso proyecto, puede deducir que ese fue el momento más sublime del doctor Condon. Poco tiempo después algunos de sus científicos más destacados fueron arrestados por fumar mariguana. 
 En una ocasión, un oficial del Pentágono me informó que la investigación de un solo caso de observación de un OVNI les costó 10,000 dólares. Durante mucho tiempo intenté apoderarme del informe sobre el presupuesto de Proyecto Bluebook, pero estaba enterrado dentro del presupuesto general de relaciones públicas y no se podía sacar a la luz. Según me informó una secretaria, la tarea más pesada era la de contestar el "correo infantil". Sin embargo, el día que fui a visitar al teniente coronel Maston Jacks, una niñita entró en la oficina y depositó en el escritorio una gran carpeta de color rojo que contenía recortes de periódico y en la portada decía "Estrictamente Confidencial", así es que probablemente el servicio de recortes de periódico formaba parte de sus gastos. Mis experiencias con los civiles expertos, con los apologistas de la Fuerza Aérea norteamericana y con los científicos que fumaban mariguana, me convencieron de que sólo había una manera de descubrir lo que estaba sucediendo. Era necesario que fuera al campo a investigar una observación reciente que yo mismo experimentara. 
                                                                            (CONTINUARÁ)

Artículo publicado en la revista mexicana Contactos extraterrestres N° 94 (6 de Agosto, 1980)



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