jueves, 3 de marzo de 2011

AUSTERRIA: LOS TUNELES DE AGHARTA EN AMÉRICA

Desde mi temprana adolescencia, la idea de un mundo subterráneo, escondite de antiquísimas civilizaciones, refugiadas para sobrevivir de grandes catástrofes; de túneles inaccesibles que conducen a grandes cavernas donde se guardan tesoros inimaginables por el hombre, cautivó mi imaginación al punto de buscar toda la información que se encontrara en libros y revistas que estuvieran a mí alcance. Con los años tuve la oportunidad de conocer a personas que se dedicaban al estudio de esta fascinante teoría, y también con los años, emprendí mi propia búsqueda viajando hacia algunos enclaves misteriosos, siguiendo sus pistas. Pero en el transcurso de este periplo, la suerte me hizo toparme con un experimentado investigador: Javier Stagnaro. Recuerdo que en nuestra primera conversación en persona (que tengo grabada), me ilustró durante cinco horas con sus conocimientos sobre “El mundo subterráneo apoyándose en una biblioteca y un archivo, que creo único. Con el tiempo vinieron innumerables charlas e intercambio de informaciones, hasta que por fin puso en mis manos los primeros capítulos del libro, donde vuelca más de 30 años de investigación y búsqueda: “Austerria: los túneles de Agharta en América”. Sin temor a la exageración, creo que este libro está llamado a ocupar un sitio privilegiado entre todos los que se han escrito sobre la temática, ya que a diferencia de algunos, el autor no solo recorre la literatura histórica sobre mundos subterráneos, sino que él mismo ha buscado en grandes expediciones y pisado con sus botas, los lugares donde se encontrarían las entradas a esos kilométricos túneles (ya sea a 4500 metros de altura en plena Cordillera de los Andes, como en las profundidades de la Caverna de Las Brujas, en la provincia de Mendoza, pasando por zonas misteriosas del sur argentino).
Con autorización del autor, tengo el privilegio de compartir en mi blog, el prefacio, la introducción, parte del primer capítulo y algunas fotografías de su flamante libro:
PREFACIO
Existe una única e infinita Verdad, de la cual el hombre logra vislumbrar apenas unos débiles destellos dentro de un mar inagotable de Luz Infinita.
En nuestra moderna civilización globalizada, donde la individualidad y los ideales parecen esfumarse como tormentas de verano, danzamos al son de una historia oficial y un conoci-miento científico que, enarbolando el estandarte de la inmutabilidad y el debido respeto, casi teológico, nos han digitado lo que debemos creer y parecer.
Se propugna que lo fantástico, lo increíble, aquello que roza los límites de la lógica rectora, debe dejar de existir en pos de una civilización altamente tecnificada, analítica y yo diría, si se me permite, robotizada.
El hombre autómata, el moderno Golem, no se cuestiona ni investiga más allá de lo que pueda resultar beneficioso para su bolsillo. Sin embargo...
Algunos pensadores, pequeños anarquistas del fin de milenio, han abrazado caminos alterna-tivos de conocimiento, como buscadores de una realidad, que subyace en el inconsciente colectivo como le gustaba explicar a Jung, o en la extensa e intrincada tela de araña que forman las relaciones humanas y la evolución de las civilizaciones.
De no haber existido este espíritu inquisitivo que vislumbra más allá de lo aparente, tal vez pensaríamos todavía que la Tierra es plana o que nada más pesado que el aire podría volar.
¿Debemos abstraernos de considerar posibilidades ignoradas o desechadas por la genera-lidad? ¿Dónde radica la diferencia entre lo conceptual y lo extravagante?
Jean Piaget decía que, "No hay más que una verdad, pero existen varias Sabidurías posibles"; y estas Sabidurías son como rayos de una rueda, todas llegan hasta el centro, la Verdad Absoluta; sin embargo la mayoría nunca se atreve a salir de la circunferencia exterior.
Javier Stagnaro es uno de los "pocos", a diferencia de los "muchos", que ha sabido bucear dentro de los sutiles laberintos de lo oculto, lo secreto y la tradición, sin descuidar el detalle, la interpretación y la documentación que respalde lo por él expuesto.
En ésta, su primera obra conceptual, Stagnaro nos compromete en un viaje hacia lo inson-dable, con ribetes "Forteanos", y que además, refrenda su información con nombre y apellido de los protagonistas... Y los datos están allí, al alcance de la mano para el buscador sincero y desprovisto de temores "al que dirán".
Este viaje comienza en una comarca de ensueño como es El Bolsón, un verdadero "valle encantado" lindando con la Cordillera de los Andes; sin embargo es solamente la llave que abre una puerta hacia el mundo desconocido, aquellos reinos regidos por ciudades míticas como Paitití, El Dorado, Agharta, Shambhala... A medida que avanzamos en el relato de Javier evocamos imágenes fantásticas de otra realidad presente. ¿Cómo no maravillarse y sorpren-derse con las experiencias del húngaro Juan Moricz; o del aventurero y científico argentino Julio Goyén Aguado; o también, del infatigable artista y explorador ruso Nicolás Roerich; entre otros no menos importantes?
Siempre, con datos de primera mano, Stagnaro hace que nosotros nos cuestionemos el "conocimiento oficial" y comencemos a relacionar la información como un todo interrelacionado.
El autor nos da la oportunidad de reflexionar sobre algunas preguntas fundamentales:
¿Somos la única civilización existente en nuestro planeta?
¿Cuál es la realidad de los duendes y los gnomos?
¿Esto es todo lo que existe? ¿Porqué los ovnis?
¿Gobierna nuestra civilización una sociedad secreta?
En este relato también se hacen presentes la sabiduría y cultura del aborigen de América, como un nexo necesario para entender esa Tradición Primordial iniciática antiquísima, común a civilizaciones afincadas en los confines de nuestro planeta y que desde un punto ortodoxo no tienen conexión.
Como un hermoso árbol, la obra comienza a desarrollarse desde su raíz y rápidamente se bifurca en diversas ramas de investigación, que sin embargo nunca pierden su identidad y veracidad.
Invito al lector a dejarse llevar por este relato, ameno y profundo a la vez, con la seguridad que ha de despertar inquietudes innatas en todo aquel que sienta el deseo de abarcar lo trascendente.
Lic. Eduardo Grosso
INTRODUCCIÓN
Existen determinados lugares en el mundo, en los cuales suelen ocurrir ciertos fenómenos inexplicables para la ciencia, y que causan asombro a sus pobladores y eventuales visitantes.
El fenomenólogo norteamericano David Fideler escribía para la revista "Fortean Times", cuando investigaba en Michigan (USA) que: "Se ha observado en más de una ocasión la existencia (SIC) de regiones encantadas en la superficie del planeta. Esas enigmáticas zonas de ventana que sirven como puntos focales para los ovnis, los animales inusuales, son a menudo tan misteriosas como las cosas que aparecen en ellas".
Tanto en la Argentina como en otros países del Continente Americano (en sus tres secciones o divisiones geopolíticas) podemos encontrar infinidad de lugares que presentan anomalías diversas. El ufólogo y operador en psicología social Rubén "Gurú" Morales, ha elaborado una lista de condiciones para que un lugar así reciba, por ejemplo, el calificativo de “Santuario Extraterrestre”, que él ha aplicado con cierta ironía, a un libro sobre los enigmas del Cerro Uritorco (Capilla del Monte, Córdoba), que, no llegó oportunamente a las editoriales, en el momento que esta región del país, que bien podía ser calificada como "zona ventana", estaba en la mira de periodistas e investigadores de todo el mundo.
Las condiciones requeridas por Morales contaban con seis puntos, a saber:
1. Características geológicas especiales. Montañas, cerros, montes o volcanes apagados con dimensiones o formas particulares o llamativas. Lugares donde se encuentran determinados "minerales", cavernas o grutas de acceso difícil o imposible, etc.
2. Existencia de una tradición arcaica que se refiera al lugar como un "sitio de poder", o donde se producían fenómenos incomprensibles que se han incorporado a la leyenda.
3. Existencia de antiguos asentamientos humanos con rasgos culturales especiales, poco cono-cidos, o de los cuales llegan hasta nuestros días historias impregnadas de misterio.
4. Frecuente manifestación de fenómenos inexplicados (Ejemplo: aparición de ovnis, entidades luminosas, hallazgos de objetos extraños, anomalías espacio-temporales, hechos para-normales, etc.).
5. Lugares elegidos para la meditación en distintas épocas por grupos religiosos o por adhe-rentes a diferentes disciplinas mágicas.
6. Lugares que en la actualidad han sido elegidos por los contactados para recibir sus men-sajes de "seres superiores", o protagonizar experiencias extrañas.
Analizando esta lista, he constatado a través de una serie de incursiones a lo largo de varios años que la localidad de "El Bolsón", en la región sur de la Provincia de Río Negro (Rep. Argentina), limítrofe con la Provincia de Chubut, y que comprende a la zona de Lago Puelo (dentro del Parque Nacional "Los Alerces"), reúne casi todo los ítems antes mencionados. A partir de ésta localidad (información comprendida entre los capítulos 1 a 6) y recorriendo luego distintas regiones del país, ya sea en calidad de investigador del fenómeno OVNI, como espeleólogo, o montañista, a la vez que conferenciante de éstas y otras temáticas afines, fui reuniendo una importante documentación relacionada con ciertos enclaves que tenían un común denominador. El relato de otros viajeros a lo largo de la historia por nuestro continente y su paralelismo con otras regiones del planeta, sirvieron para acrecentar dicha documentación. Según declaraciones a medios periodísticos, de parte de algunos exploradores, se daba cuenta, incluso ante notario público, de la existencia de extraordinarios tesoros culturales ocultos todavía al mundo en recintos subterráneos o cavernas acondicionadas por ignotas humanidades. De acuerdo a éstas afirmaciones, existiría una red de túneles, a lo largo de la Cordillera Andina, que conducirían a ciudades intraterrenas de presunto origen no-humano, luego aprovechadas por culturas precolombinas, para resguardar de la depredación y la codicia (tan humanas, por cierto) determinados conocimientos registrados en bibliotecas de áureo metal, para beneficio de generaciones futuras. Con la intención de descorrer el velo que separa la ficción de la realidad, he realizado la búsqueda de evidencias que sostienen esta teoría o hipótesis, cuyos resultados veremos a continuación.
Javier E. Stagnaro

Capítulo 1

El Bolsón - Zona Ventana

El Bolsón, es un valle ubicado en el ángulo sudoeste de la Provincia de Río Negro, formado por la Cordillera de los Andes y el Paralelo 42, que determina el límite con la Provincia de Chubut, en la Patagonia de la República Argentina. La localidad situada en el margen Este del Río Quemquemtreu y al pie del Cerro Piltriquitrón, cuenta con una población aproximada de 30.000 habitantes.
El pueblo se encuentra a 300 metros sobre el nivel del mar, y el cordón del Cerro Piltriquitrón (término mapuche o araucano, que significa "Cerro Fumador" o "El que tiene la cabeza en las nubes") hace cumbre a 2.260 metros sobre el nivel del mar.
El apodo de este cerro, puede derivar del hecho evidente, de estar a menudo cubierto por las nubes la zona que semeja la cabeza de un ídolo acostado, con cierto parecido a los "moais" de la Isla de Pascua, o bien que se trate de un volcán, hoy apagado, y que no figura como tal en las cartas topográficas contemporáneas.
La zona es rica en minerales. En el mapa confeccionado en 1973 por el Dr. Rodolfo Venzano, que se dedicaba a la búsqueda de minerales, figuran yacimientos de oro, plata, plomo, cobre y lignito. Próximo a estos yacimientos, en la confluencia del Río Quemquemtreu y el Arroyo del Ternero, en el Valle de "Los Repollos", se encuentra la reserva mapuche de la familia Nahuelpan, custodios de la tradición y el enigma de su origen.
El Dr. Venzano nació el 11 de diciembre de 1904 en Adrogué, Pcia. de Buenos Aires. Vivió en Ginebra, Suiza, desde 1908 hasta 1918. Volvió a la Argentina, se radicó en Bariloche donde ofició de medico para establecerse luego en El Bolsón en el año 1935. Graduado en medicina, versado en botánica, geología, meteorología. Andinista de alma y profundo estudioso de la naturaleza. Sus conocimientos en cartografía, eran los de un profesional, y más tal vez, según su hija Alicia, consultada por Javier Molins. “El mapa de El Bolsón es una muestra de ello; el relevamiento lo hizo a pie, llevando en su mochila un teodolito y un altímetro que compró en un remate del Banco Hipotecario. Hacía sus mediciones desde la altura de los cerros…” (según palabras de Alicia). Era además fotógrafo, piloto aéreo y también acuarelista, lo cual le permitió registrar a través de diferentes técnicas, los maravillosos paisajes de El Bolsón.
Durante 1987, junto a Osvaldo Masanet -con quién compartíamos el estudio del fen
ómeno ovni, decidimos organizar una expedición a El Bolsón en busca de cavernamientos, entusias-mados por la teoría que sostiene que una red de túneles subterráneos, recorre el continente americano por debajo de la Cordillera de los Andes, de punta a punta.
Luego de haber rastreado información en diversas bibliotecas públicas y privadas, y después de hablar con diferentes personas sobre dicha posibilidad, nos dirigimos al Centro Argentino de Espeleología (CAE), entidad que nucleaba en pleno centro de la Capital Federal a científicos y deportistas. Allí conocimos a Julio Goyén Aguado, una de las pocas personas en el mundo que junto al astronauta norteamericano, el Dr. Neil Armstrong (primer hombre en poner un pie en la Luna), conocieron la realidad de este corredor subterráneo de Los Andes, como veremos más adelante.
Goyén Aguado (presidente del C. A. E.), nos informó lo que sabía sobre la región, y nos sugirió que consiguiéramos mapas geológicos y topográficos del Instituto Geográfico Militar, para estudiar el terreno, además de ofrecernos algunos elementos que pudiéramos necesitar para nuestra exploración.
Once años antes, es decir en 1976, durante un viaje realizado con algunos amigos a la localidad de El Bolsón, habíamos recogido el comentario de quien fuera, por aquel entonces, Comandante del Destacamento de Gendarmería Nacional, Señor Rubén Benítez, quien creía en la posibilidad de la existencia de una caverna en el Cerro Piltriquitrón.
Según Benítez, había corrido el rumor que durante el año 1965, un hombre de origen francés había escalado el cerro y detectado una cavidad de importancia, la cual se hallaba inundada, como la que se encuentra en el Cerro Villegas, en Bariloche, que posee un lago interior. Para continuar con la exploración habría regresado (tal vez a Bariloche) a buscar equipo de buceo y un bote de goma, tras lo cual y habiéndose introducido nuevamente en la caverna, jamás se lo volvió a ver, ignorándose su suerte.
Goyén Aguado, a quien consultamos, opina que de ser cierto, no sería extraño que el sujeto hubiera sido atacado por águilas que suelen anidar en la cima de los cerros, pudiendo despe-dazar a un ser humano en poco tiempo, sin dejar ningún tipo de rastro.
Al margen de pensar en algún tipo de accidente fatal (recordemos que no es conveniente internarse en solitario en una caverna), mucho más romántico es pensar (como algunos nos sugirieron), que el sujeto ingresó en una misteriosa caverna, que lo condujo a un mundo oculto y vive al amparo de una civilización desconocida, como la que relata Sir Edward Bulwer Lytton, en su novela "La Raza Futura", escrita en 1871 (tema que desarrollaré más adelante, en el capítulo titulado: ”El Vril y la hora 25”) o que encontró una entrada a la red de túneles subterráneos de la cordillera andina.
A tal fin, para los primeros días de diciembre de 1987, con Osvaldo Masanet, reunimos el equipo apropiado y sacamos pasajes para Bariloche. Desde la estación de trenes ”Consti-tución” en Capital Federal, nos subimos al convoy de vagones de la línea ferroviaria “Los Arrayanes” que en aquel entonces se dirigía hacia el sur patagónico. Durante un poco más de treinta horas que duró el traslado hasta la Ciudad de San Carlos de Bariloche, conocimos y conversamos con unas cuantas personas de aquellas regiones que regresaban a sus casas a pasar las fiestas de fin de año o bien, de vacaciones y que nos contaron varias historias que engrosarían nuestro diario de viaje, y que nos servirían como guía para investigar posibles enclaves de interés. Cuando llegamos al final del trayecto, buscamos donde hospedarnos y una vez acomodados nos dirigimos a la Biblioteca Pública D. F. Sarmiento (fundada en 1928), ubicada en el centro cívico de dicha ciudad, cuya planificación corresponde al proyecto del Arq. Alejandro Bustillo, o bien, del Arq. Ernesto de Estrada -de acuerdo a la labor investigativa del Centro de Documentación de Arte y Arquitectura de Latinoamérica, que dirigen Ramón Gutierrez y Graciela Viñuales- frente a una de las costas del lago Nahuel Huapi. Allí recabamos información sobre "La Ciudad de Los Césares" o bien "La Ciudad Encantada de la Patagonia" en diversas publicaciones -que luego expondré en más detalles- y consultamos el voluminoso” Diccionario Mapuche-Español” de Esteban Erize en busca de significados para topónimos y palabras de la lengua araucana que nos serían de utilidad. Luego nos encaminamos hacia el Restaurante vegetariano “La Huerta”, para localizar a su dueño, el Sr. Juan Carlos “Banqui” Lotito, quien había viajado a Perú un tiempo atrás junto a un grupo de amigos afectados a “Los Servidores de Buena Voluntad Mundial” y a La “Gran Fraternidad Universal”, fundada por el Dr. Serge Reynaud de la Ferriere. En su local, que era visitado por muchos extranjeros, habían arribado algunos Peruanos miembros de la Fundación “Samanahuasi”, dirigida por el inves-tigador andino, Antón Ponce de León Paiva, quien había enviado al amigo Lotito, alg
unos ejemplares de su flamante libro: ”...y el Anciano habló”, primera de una trilogía que trata sobre el Conocimiento espiritual de los Sabios Amautas del Imperio Incaico, trasmitidos al autor en su adolescencia por un sabio anciano, para que el mismo fuese brindado a la posteridad -la obra presenta notables reminiscencias con el tratado esotérico conocido como “El Kybalión” atribuido a Hermes Trimegisto- a fin que fueran exhibidos y puestos en venta. La recaudación serviría para ayudar a la Fundación que cobija a niños y ancianos sin hogar (más adelante volveremos sobre la persona de Antón Ponce de León Paiva, en el capítulo de “El Secreto de los Andes”). “Banqui” Lotito, nos invitó a almorzar junto a su novia: Gloria, nos hizo luego de guía por la ciudad, a la vez que nos presentó a muchas personas interesantes, todas ellas abocadas a la búsqueda y desarrollo de una vida más plena, al estudio de las ciencias del espíritu o conocimiento esotérico, a la meditación trascendental y a la investigación de hechos y lugares misteriosos como los que nos inquietaban a nosotros. En la lista de personas que me había facilitado mi amigo Juan Antonio Milia que residían en Bariloche, y que podían ayudarnos con información para nuestros propósitos, figuraba un oficial retirado de la Marina Francesa que contaba en su haber, el conocimiento y práctica del buceo, la pasión por la Espeleología y el Andinismo, y se interesaba por la Antropología, la Ecología y el Fenómeno Ovni. El Señor Charles Bessera, de quien hacemos referencia, fue incluso vicepresidente del Centro de Investigación de Fenómenos Extraños (C. I. F. E.) de la localidad de El Bolsón, donde residió algún tiempo, radicándose luego en Bariloche, donde se desempeñaba como

gerente de una importante empresas distribuidora de alimentos.
Bessera estuvo a punto de encontrar un tesoro, que según aseguró, le fue birlado de las manos en una de las cavernas de la región. En el Cerro Villegas, a la entrada de Bariloche junto al Cerro León, existen cavernamientos, y a sugerencias suyas investigamos gran parte de ellos, sabiendo de antemano que no éramos los primeros, lo cual significaba que no había muchas posibilidades de descubrir nada nuevo, salvo que fuéramos sorprendidos por algo que a otros hubiera pasado desapercibido.
El León, es un cerro que tiene la forma y el color de ese animal y suele alojar a su represen-tante sudamericano: el puma.
Extraño clima es el que se respira en esas bocas horadadas en la roca, que a veces conducen por una garganta a las entrañas de la tierra. Muchas historias leídas o escuchadas nos venían a la memoria. En el Cerro Villegas hay una caverna que contiene un lago. En el año 1986, Bessera se puso su equipo de buzo e intentó profundizar en sus aguas cristalinas. Los conductos subacuáticos conducían a un sifón que conectaría a otra cavidad oculta dentro del cerro o bajo el nivel del piso de la boca de acceso de la sala principal.
Bessera sospechaba la posibilidad de encontrar algún elemento oculto, es decir algún tesoro. Según los Cronistas, desde el año 1599, cuando "los colonos de Villarrica y Osorno (poblaciones situadas al sur de Chile) se vieron atacados por los indomables araucanos, una parte de los vecinos se refugió en Chiloé; la otra desapareció en la Cordillera de los Andes" (según comenta Ernesto Morales en su libro "Sarmiento de Gamboa, un Navegante Español del Siglo 16"), agregando que hechos históricos de esta índole, tal vez deformados, dieron inicio a la leyenda de "La Ciudad de Los Césares". Y Bessera no se equivocó, pero debió posponer la exploración por carecer de equipo adecuado.
De acuerdo a sus comentarios, una Comisión de la Universidad de La Plata, habiendo conocido información pertinente, se habría adelantado y utilizando equipo de buceo, habría descubierto, más allá del sifón, una cavidad que contenía desparramados sobre la arena, restos de la Conquista española. Cascos, espadas y piedras preciosas formarían parte del hallazgo... (!)
Era una historia verosímil, de hecho el Museo Antropológico ubicado en el Centro Cívico de Bariloche, daba cuenta de ello; y además, no era la primera historia de lagos ocultos que guardaban secretos que habíamos oído.
Luego de permanecer unos días hospedados en la casa de “Banqui” y Gloria, el día 8 de diciembre, almorzamos con ellos en su restaurante “La Huerta”, y preparamos nuestros equi-pajes para seguir viaje.
Después de recorrer el circuito de los Siete Lagos en su compañía, nos dejó con su auto en Villa Mascardi, frente al Lago Guillelmo y al pie del Cerro Fray Laguna, donde deberíamos tomar un bus rumbo a El Bolsón.
Un feriado religioso de carácter nacional, como es el de la "Anunciación de la Virgen María" (8 de diciembre) nos obligó a permanecer dos días en ese mismo lugar.
Frente a nosotros, debajo de un puente se oía el arrullo de una cascada y en uno de sus extremos se encuentra un desvío del camino, que conduce al Cerro Tronador. Pasaron vehículos de excursión y automóviles particulares, pero ni un solo transporte público. El "autostop" tampoco funcionó, y de pronto comenzó a oscurecer.
A pocos pasos el cartel de un auto-camping nos señaló el lugar donde pernoctar. Antes de que oscureciera por completo, armamos nuestras carpas, y dado que con la puesta del sol había bajado considerablemente la temperatura, debíamos proporcionarnos una fuente de calor, por tanto, con algo de leña del lugar, hicimos una fogata, y mientras preparábamos unos mates (infusión autóctona), reflexionamos sobre qué provecho sacar a aquella situación. Al día feriado, se sumó una huelga de transporte automotor, lo cual nos permitió conocer un poco más de la gente y el lugar donde estábamos por aquel entonces. La familia Baeza regenteaba ese camping. Tal vez en el mes de enero estaría plagado de turistas, pero por ahora sólo un par de acampantes disfrutábamos del paradisíaco paisaje.
Don Abel y doña Oritia, de origen mapuche, habían llegado allí, procedentes de la localidad de Esquel, en la provincia de Chubut. Al día siguiente nos invitaron a comer a su casa y a pasar la noche en un bungalow, porque se esperaba una tormenta. En la comida, acompañada con exquisito vino chileno, comentamos nuestras inquietudes y en un clima distendido nos hicieron partícipes de algunos secretos familiares. El Padre Mascardi y Fray Laguna, habían buscado allí mismo las entradas de la mítica “Ciudad Encantada”, lo que motivó nuestro deseo de saber un poco más de estos intrépidos misioneros. Nicolás Mascardi (S. J.), había nacido en setiembre de 1624 en la localidad de Sarzana en Italia. A la edad de 12 años, se traslada a Roma, ingresando en el Colegio Romano fundado por Ignacio de Loyola, para continuar sus estudios como miembro de la Compañía de Jesús. Su vocación de jesuita se ve estimulada por un maestro excepcional, que no es otro que el sacerdote y científico Athanasius Kircher, autor de numerosos inventos trascendentales, entre los que figuran la “Linterna Mágica”, primitivo embrión del cine moderno.
Kircher, es además -como luego veremos en el capítulo de los Alfabetos Secretos- autor de una voluminosa obra en dos tomos, conocida como “Mundus Subterráneii” (el mundo subte-rráneo, 1678), y uno de los que intentaron decodificar el “Manuscrito Voynich”. A los 22 años Nicolás Mascardi dicta clases de latín y griego en la primera clase del Colegio de Orvieto, y al año siguiente inicia sus estudios de teología regresando a Roma. Allí conoce al sacerdote Alonso Ovalle, procurador de la provincia jesuítica de Chile, quien será el que influya en su espíritu, para que cuatro años después Mascardi decida finalmente viajar a América, en plan misionero. En 1650 se traslada a Sevilla y desde Cádiz viajará hasta Panamá. Rápidamente se traslada a Chile, donde emprende la tarea evangelizadora entre los Chonos, Chilotes y Araucanos, siendo éstos últimos los más rebeldes y bravíos. Mascardi descubrirá que -sumados a sus conocimientos de latín, el griego y el hebreo, lenguas en que publica su tesis teológica, siendo la primera tipográfica o xilográfica realizada en Chile- que posee la habilidad para aprender los idiomas indígenas y luego poder hablarlos con fluidez. En un ambiente hostil hacia los conquistadores, los Araucanos se opusieron a la evangelización de los misioneros y al maltrato y esclavización de las tribus no Araucanas como los Poyas, Puelches, Huillipoyas y Tehuelches. El levantamiento fue dominado en marzo de 1656; el padre Mascardi fue destinado a la Isla de Chiloé, como rector del Colegio de Castro. ”En 1669 -escribe el Padre Mascardi- que él ha agasajado, enseñado y bautizado a una india que había sido tomada prisionera, quien estando emparentada con todos los caciques principales, era muy consi-derada por sus congéneres, siendo llamada Reina. Ella le ha revelado de la existencia de una ciudad perdida o ciudad de españoles, de donde le ha traído como prueba unas “horitas o devocionarios”, que llevan el sello de impresión de Sevilla de doscientos años ha... y más que el año pasado enviamos de aquellos indios o caciques honrados a los puelches; para que allá viesen lo que había y decían, y han vuelto ya muy contentos y satisfechos de la verdad del caso-escribe Mascardi y han visto entre los poyas... y de esa ciudad muchas alhajas de gente española, como vestidos de paño, pretales de cascabeles, cuchillones...”
Desde las cuatro estaciones, y a lo largo y a lo ancho de la Patagonia y de la Cordillera de los Andes corrían los rumores de la existencia de la huidiza Ciudad de los Césares. Ya en 1587, don Juan Ramírez de Velazco, gobernador de Tucumán, promovió una investigación minuciosa, resultando de ella que en verdad existía dicha ciudad deslumbrante, rica y dichosa en un paraje cercano al estrecho de Magallanes. Se llamaba Lin-Lin o Linlin- nos cuenta Ubaldo Nicchi, en un artículo para la revista argentina: ”Todo es Historia” -y era su rey un poderoso Inga (por Inca), a quien obedecían doscientos mil indios además de treinta mil españoles hijos y nietos de los sobrevivientes de una expedición perdida a consecuencia de un naufragio, sesenta años antes, en las aguas de dicho estrecho”. Fray Reginaldo de Lizárraga, de la orden de los predicadores y después obispo, así como el jesuita Alonso de Barzana, convencidos de la existencia de Lin-Lin, solicitaron a sus jerarcas eclesiásticos autorización para trasladarse allí y ejercer su ministerio religioso. Una india cristiana, Juana Upina, aseguró haber conversado con indios procedentes de aquel lejano y maravilloso país, que usaban patenas de oro y de plata en el pecho y coronas de oro en la cabeza” con una borla en ella, que cae en medio de la frente”. La leyenda iba tomando cuerpo, y se emprendieron varias expediciones en su búsqueda por parte de los religiosos. En 1640 el sacerdote Jerónimo de Montemayor, junto a un tal Capitán Hurtado, se embarcaron en Chiloé -donde se hallaba Mascardi- y recorrieron todas las costas e islas hasta los 39 grados de latitud austral; bajaron a tierra, subieron montes pero nada hallaron de Lin-Lin y sus habitantes españoles. El mismo Montemayor, aconsejó años después una búsqueda de la Ciudad Encantada por el oriente del lado Argentino de la Cordillera, y propuso se encomendara la misión al Padre Mascardi, quien convencido por aquella india llamada “reina” de la existencia de Lin-Lin, encomendándose siempre al Todopoderoso, aceptó. Tanto los preparativos, como el desarrollo de su misión es muy rica en detalles, de acuerdo al excelente trabajo sobre el Padre Mascardi que realizara el historiador Guillermo Furlong. Este distingue por ejemplo, la existencia de tres pueblos en lo que ahora es la zona de los Lagos Argentinos habitados por los Puelches, los Poyas y los Huillipoyas. ”Los Poyas tenían su habitat en las inmediaciones de Nahuel Huapi (Nahuel es tigre; Huapi es isla, en lengua mapuche) y en la parte más austral del mismo. Eran de talla más bien baja, de índole pacífica y de buenas costumbres. No existía entre ellos la poligamia. Los Huillipoyas eran físicamente más altos y fuertes y merodeaban por las regiones australes. Eran altaneros y decididamente enemigos de los españoles. Llevaban la nariz horadada de lado y de ella colgaban chaquilas, es decir ristras de cuentas o dijes de hueso o metal. Y al norte de los Poyas, vivían los Puelches, también de estatura más bien baja y de carácter más accesible que los Huillipoyas, aunque menos sensibles y sociales que los Poyas”. Todos estos indígenas -dice Ubaldo Nicchi- tenían algunas ideas de religión y de moral, pues creían en el espíritu del bien y del mal, y llamaban Chahuelin (de “chau”: padre y “huellin”: renovador) al Padre o Ser Supremo, que por medio de la Naturaleza renueva todas las cosas de esta Tierra”. La marcha del padre Mascardi al frente de un “ejército” de indios libertados y en compañía, nada menos que de la “Reina” -aquella india importante, traída desde Chiloé- fue de película, y así hubiera quedado registrado si el invento de Athanasius Kircher hubiese alcanzado su desarrollo último. Ingresó en el territorio Argentino y tomó posesión del lugar y de las almas que la habitaban en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Días más tarde, Mascardi, se embarcó y cruzó el lago Nahuel-Huapi, llegando a la costa de lo que hoy es San Carlos de Bariloche.
Aquí se asentó y desarrolló su tarea de evangelización y educación con un gran espíritu de sacrificio. Los últimos cinco años de su existencia los vivió intensamente a través de cuatro grandes expediciones que emprendió hacia los cuatro puntos cardinales -dice Nicchi- a la búsqueda, quizás ya inconsciente, de aquella mágica Ciudad de los Césares o Lin Lin que lo había entusiasmado un par de décadas atrás”.
En el primero de los viajes, realizado en el verano de 1669-70, bordeó la Cordillera hacia el sur, llegando hasta el paralelo 44. Allí se topó con indios desconocidos que le intimaron no seguir adelante, lo cual abortó la posibilidad de hallar la soñada ciudad. En el segundo intento, que tuvo lugar en el verano 1671-72 llegó hasta un gran lago -el actual Lago Musters- no en la Cordillera, sino en la zona que hoy pertenece al enclave militar de Comodoro Rivadavia, donde tampoco encontró a los Césares.
La tercera expedición, se fundó en algunos rumores de los indígenas, en el sentido de que la Ciudad de los Césares estaba al naciente del estrecho de Magallanes. Partió en el verano de 1672-73, acompañado por algunos Poyas, que se fueron quedando en el camino, tentados por la caza que les ofrecía el paisaje. Con solo cuatro indios y el cacique Manqueuani llegó bordeando el Río Negro hasta el Océano y a las localidades hoy conocidas como Puerto Deseado, Puerto Santa Cruz y Puerto Gallegos, hasta llegar a Cabo Vírgenes y al mismo Estrecho de Magallanes. Si bien antes de llegar a destino, encontró evidencias de la existencia de asentamientos de gente civilizada, posiblemente europeos, su desengaño no fue mayor, al enterarse que sólo eran los restos de una expedición pasajera del holandés John Naborough que se detuvo en Puerto Gallegos en 1670, antes de cruzar el estrecho, en un viaje rumbo a las costas de Chile. En la primavera de 1673 se inició el cuarto y último viaje del padre Mascardi, quien pretendía llegar más allá del grado 46, y no cejar hasta encontrar a los misteriosos Césares. Obsesionado en esta búsqueda de lo desconocido, intuyó -según sus relaciones- que podía llegar a encontrar la muerte en esta oportunidad, para lo cual dejó un testamento, donde dejaba claro que no serían los poyas que lo acompañaban, en todo caso, los causantes de tal desgracia, ya que se habían portado como buenos cristianos y mostrado fieles a la causa. Cuando finalmente superó la barrera del grado 46, se encontraron con una tribu numerosa de poyas infieles que les cortaron el paso, y les increparon,”que no querían ser cristianos, ni que el sacerdote anduviera predicando por nuestras tierras”. Tras lo cual y ante la sorpresa del padre Mascardi, el cacique Manqueuani fue muerto, y él mismo acribillado a flechazos, culminando su vida, a manos de aquellos bravíos aborígenes custodios simbólicos de una mítica ”Ciudad Encantada”, que para muchos -como los historiadores Enrique de Gandía (1904-2000), y Ernesto Morales, que abordaron el tema- nunca existió.
Los Baeza, -nuestros anfitriones-, nos fueron relatando varias anécdotas e historias sobre algunos turistas que habían tenido oportunidad de conocer, e interesados como nosotros en estas cuestiones; así por ejemplo recordaban que un suizo explorador, desde hacía unos años recalaba en este camping tras las huellas de ” La Ciudad Encantada”, y estaba convencido de su inminente hallazgo. También otro suizo, o el mismo de nombre Gerard Le Roux, organizaba una búsqueda del tesoro todos los años en el "Valle Encantado", en las tierras que fueron con-fiscadas al cacique Sayhueque y de la cual se apropió. Quien no encontrara el premio enterrado por Le Roux (consistente en monedas de oro) a modo de premio consuelo, ofrecía comprarle elementos personales, como taleros (rebenques) o facones (dagas), generalmente con incrustaciones de oro y plata entre sus ornamentos. Sin embargo (nos dijo Don Baeza) el interés residía en el hecho de que en el interior de dichos elementos, alrededor del "alma" (tornillo que une el mango con la hoja) y siendo de cierta antigüedad el objeto, podía encon-trarse un mapa indicando él o los sitios donde se hallarán enterrados mapuches con su posible ajuar, consistente en joyas arqueológicas de sumo valor.
Quizás la mejor recompensa que nos hiciera la festividad religiosa por nuestro retiro obligado, fue la que nos proporcionó el hijo de nuestros anfitriones, de nueve años de edad, Andrés César Baeza, apodado "Andy" (curioso nombre) al conducirnos, haciendo de guía, a un "sitio de poder". En una picada abierta, en la base del Cerro Fray Laguna, y oculta entre la maleza, una gruta contenía símbolos pintados quizá con miles de años de antigüedad.
Inconfundiblemente fueron identificados como signos zooantropomorfos, de las llamadas "tramas genealógicas". Estos grabados rupestres poseen un carácter mucho más reservado que otros, un carácter netamente chamánico. Se los encontraba en cavernas (renü, en mapuche) o en lugares de iniciación, y por lo tanto "templos", en el sentido estricto de la palabra -según Juan Carlos Caminata, alias Aucanawel-.
El camino de la machi (chamana, en mapuche), representado en los signos, describe el descenso al mundo inferior, y la muerte simbólica del candidato para ascender posteriormente a la región celestial o superior, con un segundo estado trascendente del ser; volviendo nuevamente al mundo medio -el de los humanos- en carácter de iniciado.
Carl Gustav Jung, sostenía la teoría de que ciertos símbolos representan "arquetipos", que de alguna manera se manifiestan en la psique humana y en su cultura. La materialización de un arquetipo como el de la Tierra Madre o Pacha Mama, como la llamaban los Incas, tiene su contrapartida en la Virgen María en la religión cristiana, que dicho sea de paso, no sólo concibió a su hijo (el hombre Dios) Jesús Cristo, en una caverna o alero, sino que según sus fervorosos seguidores, registran sus "apariciones" entre cavernas y vertientes de agua purificadora, o entre el hueco de un árbol ("sitios de poder", diría Castaneda, en lenguaje chamánico), donde los peregrinos experimentan estados alterados de conciencia. La sincro-nicidad de la fecha con el conocimiento del lugar nos dejó un extraño sentimiento, algo en que pensar, algunos lo llaman "casualidad"... Por la mañana del día 10 de diciembre de 1987, nos despedimos de los Baeza, y el "bus" rumbo al Bolsón pasó a su hora habitual. El punto 2 de la lista de “gurú” Morales había sido alcanzado y seguiríamos sus huellas, 180 kms. más al sur...

INDICE GENERAL
Dedicatoria y Agradecimientos - página 7
Prefacio - página 9
Introducción - página 11
Capítulo 1: - página 13
El Bolsón: Zona Ventana, Incursión a las Cavidades de San Carlos
de Bariloche - La Caverna Escondida - La Tradición Arcaica y la
Ciudad Encantada de la Patagonia - El Enigma de los Andes - Austerria.
Capítulo 2: - página 31
Entidades no Asociadas y Ovnis en la Cordillera Andina.
Capítulo 3: - página 39
Duendes - Lugares Misteriosos - Sociedades Secretas.
Capítulo 4: - página 47
Los Lamas se mudan a los Andes - El Valle del Elqui - Shamanes en el
Cañón de Talampaya - Secuestros Intraterrestres - Religión y Alucinógenos.
Capítulo 5: - página 61
Animales Prediluvianos en los Lagos del Sur (Nahuelito) - La Gran Morada -
Los Túneles Andinos - Juan Moricz: El Verdadero Indiana Jones.
Capítulo 6: - página 75
El Vril y La Hora 25 - Expedición a la Cueva de los Tayos - Taltosok Barlanjia.
Capítulo 7: - página 91
El Misterio de los Túneles de Buenos Aires - La Leyenda
de los Epimeteicos - El Palacio Barolo: Entrada al Infierno o
Puerta Dimensional - Agharta y la Raza Roja - De Gentes del Otro Mundo
La Ciudad de Los Djins - En la Tierra de los Encantos - En las Cuevas de Karli.
Capítulo 8: - página 121
El Oro de los Dioses - Un Astronauta en la Cueva -
La Montaña de Hierro (The Iron Mountain Report)
Capítulo 9: - página 131
Los Archivos Secretos - Ciudades Intraterrenas: Erks (Uritorco) y
Shambhalla. La Ciudad Perdida y La Biblioteca Dorada de los Lacandones.
Capítulo 10: - página 141

El conocimiento oculto - El pueblo del secreto - La puerta principal

permanece cerrada - El polémico ing. Stanley Hall y su libro sobre

La cueva de los Tayos.

Capítulo 11: - página 151
El Secreto de los Andes - Röerich y la Señal de Shambhalla -
Ovnis y Yetis en los Techos del Mundo - El tesoro de la Montaña del Diablo.
Capítulo 12: - página 171
Hugo Pratt y la Gran Historieta (El Angel de la Ventana de Oriente) -
Manoa y los Eperómeros - Las Míticas Siete Ciudades.
Capítulo 13: - página 177
Coronado y los Tesoros Ocultos de las 7 Ciudades de Cíbola.
Capítulo 14: - página 189
El Continente Perdido del Coronel Fawcett - Extrañas Estatuillas de Metal -
La Clave Teosófica. La Estatuilla Gemela del Coronel Fawcett.
Lo que nadie quiere creer. La Atlántida vuelve a la Vida.
Capítulo 15: - página 205
El Secreto Mortal de las Pirámides Amazónicas (el Fraude de Tatunka-Nara
y La Crónica de Akakor) - Hongos Enteógenos: Pigmeos y
Gigantes en el Amazonas.
Capítulo 16: - página 231
El Inframundo (La red de túneles subterráneos aparece en Centroamérica),
Toniná: Aluxes, Chaneques y Olmecas (Los Guardianes del Inframundo).
Capítulo 17: - página 241
Los Alfabetos Secretos y la Conciencia Psicodélica, El Verdadero
Necronomicón - El Secreto Masónico: El Elixir de los Dioses.
Capítulo 18: - página 253
Las Claves Secretas de Julio Verne (La Niebla) y el Enigma de
Rennes-Le-Chateau
Capítulo 19: - página 261

El Sueño Verde: La Iniciación.

Epílogo: La Ultima Palabra. - página 275

Análisis Crítico sobre Literatura y Algunos Films

que tratan del Mundo Subterráneo y Otras Realidades. - página 277

Anexo 1: El Asombroso Diario Secreto del Alte. Richard E. Byrd. - página 303
Anexo 2: Dossier Moricz. - página 311
Bibliografía Consultada. - página 319
Sobre el autor. - página 335

Quien desee adquirir el libro puede solicitarlo al correo electrónico:
javierstagnaro@yahoo.com.ar


Stagnaro, Javier Eduardo
Austerria : los túneles de Agharta de América. - 1a ed.
Buenos Aires: el autor, 2010.
340 p.; 29x21 cm.
ISBN 978-987-05-9852-7
1. Ensayo Argentino. I. Título
CDD A864
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Registro Nacional de la Propiedad Intelectual
Composición y diseño: Daniel Ruggieri
Prohibida la reproducción parcial o total por cualquier medio, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado y cualquier otro sistema de almacenamiento de información, sin previa autorización del autor.
Comentarios, sugerencias y aportes, dirigir a:
o
ufoarmasecreta@yahoo.com.ar
Complemento: Por separado, se ofrece a los interesados un DVD o un par de CDs que contienen más de 500 fotos ilustrativas de cada capítulo de esta obra; así como un registro de video y audio con un reportaje realizado por el autor al espeleólogo vasco-argentino Julio Goyén Aguado, en 1995, en la sede del C. A. E., sobre verdades y mentiras acerca de Juan Moricz, la Cueva de Los Tayos, la Biblioteca de Láminas de Oro y lo que allí se oculta.
Enlaces sugeridos:
Google: Javier Stagnaro



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